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Había una vez una chica y otra chica

Una chica desgarbada, de rostro muy amable e intelectual, se encontró con otra chica camino al colegio. Ella era bella, escultural y de un semblante angelical… Daniela, la flacucha no pudo quitar los ojos de Valeria, sintió como su pecho se expandía, su corazón aceleraba a cada respiración y finalmente se paralizo, cuando esta le lanzó una mirada cariñosa.image

Valeria siempre había preferido la compañía de otras chicas, los hombres no le parecían atractivos y para ella el amor, era de mujer a mujer. Dani “Boy” como le llamaban cruelmente sus compañeros de preparatoria, no sabía qué hacer ante la situación, se sentía confundida y desesperada, pero decidida se acercaría a esa chica para saber el por qué le robaba el aliento. 

Con valor y en el transcurso de unos días, Dani se acercó y dijo – “Soy Dani”, a lo que Valeria contestó – “¿Hola?” sorprendida por el repentino saludo. Dani se fue asustada y no dijo nada más.

La semana siguiente en el pasillo de la escuela, Valeria dio un entusiasta saludo a lo lejos, no sabía que más hacer, había apenado a la chica y quería compensarlo “tal vez solo es muy tímida” dijo para sí misma. Pero eso solo causó que Dani saliera corriendo del pasillo, para ella que nunca había sido saludado de esa manera, fue aterrador. Vivía escondida, era una friki y por su complexión siempre era objeto de burlas.

El fin de semana durante una caminata Valeria encontró a Daniela que leía concentrada, debajo de un puente del pueblo, lloviznaba y helaba al mismo tiempo, ella se sentó a su lado y la tomó entre sus brazos, no quiso hacer otra cosa para no espantarla, tomó ese abrazo como el cálido saludo que le quería dar en días anteriores.

En ese momento el frío cuerpo de Daniela, solo sintió como un fuego le nació del pecho… Ese intenso calor recorrió su rostro y sonrió como jamás lo había hecho en su vida, su intriga se había resuelto, estaba enamorada.

Por supuesto Dani había leído del amor, tantas novelas escritas y tanto que se decía, que de inmediato lo supo, pero ¿Qué había de esa chica a la cual no le preguntó ni su nombre?

Al iniciar la semana de clases, confundida y escondida como siempre, hablaba sola y repetidamente se decía a ella misma “Vamos, tu puedes hacerlo, solo le preguntarás su nombre… Tienes que hablarle, ella te gusta. Vamos, yo puedo hacerlo…” Valeria se dirigía a las oficinas por el pasillo de la biblioteca, que casi siempre estaba vacío, era el momento ideal. Daniela sobresaltada llegó casi corriendo para alcanzar a Vale, la llamó tocando tímidamente su hombro, para que volteara y le dijo -“Soy Dani”- se pausó y no pudo decir nada, nada, ni una sola palabra… La chica la observó con interés, la vio a los ojos, se acercó dos pasos, se acercó a su rostro, frente a frente, casi labio a labio, en un susurro, le dijo… “Soy Valeria ¿por qué tardaste tanto?” y la besó tiernamente. Sin observar alrededor y sin miedo alguno. 

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