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Tabúes de la menstruación ¿Cómo ir dejándolos atrás?

He decidido hablar de este tema debido a que no podemos hablar de libertad cuando nos apenamos de algo que es tan nuestro.

Comencemos con preguntarnos ¿Cómo es que la menstruación y la vergüenza van juntas a todos lados? Porque en realidad, no podemos mencionar la palabra menstruación en ningún lugar sin que nos invada la pena, sin ser shisheadas (shhh…) por otra persona o moderadas con las palabras hasta por nuestras madres o nuestros padres. Y es que supongamos que vas a una tienda con tu amiga que también menstrua y se te ocurre decir “voy a comprar unas toallas porque ando en mis días”… sabemos que lo primero que hará tu amiga es pedirte que bajes la voz y voltear a ver a su alrededor para asegurarse de que nadie haya escuchado… y como si fuera poco el señor de la tienda te va a poner las toallas en una bolsa negra, claro, por aquello de que los demás vean lo que llevas.

Pero ¿Por qué? ¿Por qué pasa esto?…Bueno, pues no es muy difícil de explicar en realidad. Durante toda nuestra existencia, la belleza ha sido moderada desde un punto de vista que se considere deseable ante la vista del hombre, y debido a que esto lo consideran “anti-higiénico” también es poco o nada bello, según sus criterios, lo que provoca que busquemos tener medidas de prevención y no sea notificado a los demás. Y no es que la menstruación sea poco visibilizada es que realmente no se menciona es por completo invisibilizada.

Es tan invisibilizada, que en la canasta básica de nuestro país, las toallas y tampones femeninos no se contemplan como tal, e incluso pareciera que hablar de copas menstruales, tampones y todo lo que se introduce para el cuidado del flujo sanguíneo menstrual es hasta “pecaminoso” e incluso cuando se piden ayuda para los damnificados de una catástrofe, son escasos.

La comercialización y publicación de estos productos han ayudado a que el prejuicio sea un poco disminuido, pero siguen pretendiendo que sean toallas lo más delgadas posibles y que no se noten al usar jeans ajustados… y volvemos a hablar de vergüenza pública.

En algunas culturas, la menstruación es vista como parte de la femineidad y es algo así como sagrado, la noticia de que “ya es mujer” (no, menstruar o no menstruar no te hace mujer… pos oye), mientras que en nuestra cultura es por el contrario “repulsivo”.

Durante los juegos olímpicos, reporteros entrevistaban  a Lu Ying, Shi Jinglin y Zhu Menghui, mientras que su compañera de natación Fu Yuanhui, permanecía doblada de dolor en cuclillas. Cuando uno de los reporteros tuvo la oportunidad de acercarse, Fu se disculpó con sus compañeras por no haber nadado muy bien, y aseguró que su periodo había llegado un día antes y que se sentía fatigada.

Esto ya mencionado sobre la nadadora fue motivo de escándalo social, realmente se ganó el corazón de su país por hablar tan libremente de su cuerpo, mientras que en otros lugares lo vieron como un atrevimiento.

La menstruación no es sucia, no es algo que elimina toxinas, es aquello que el cuerpo no ha logrado utilizar al no haber fecundación del óvulo y es totalmente natural. La sangre de la menstruación es la única sangre que verás sin necesidad de herir tu cuerpo y sin violencia.

Pregúntate ahora ¿por qué seguir avergonzándose de algo que es tan nuestro, tan propio del ser biológico femenino? Si has de salir a la tienda, lleva tus toallas sin cuidado, que todas sangramos y considérate afortunada de tener tu flujo, porque es parte de ti y de la mariva que es tu cuerpo.

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